Alejandro Melinger, Conscripto, estuvo presente en los estudios de Primero Bahía en este 2 de Abril.
«El 2 de febrero de 1982 me pongo la ropa de conscripto y el 20 de marzo ahí finalizamos la instrucción, tiré cinco veces, el 22 de marzo de 1982 ahí llegué contento porque había sido asignado como jefe del Batallón, no tenía que vestir de verde y podía salir y entrar como quería, era importante porque no te dejaban salir, el día miércoles cuando llego me dicen que vaya al detal y me dan un bolsón lleno de ropa y me mandan a la armería con un fusil y se hablaba de que se harían maniobras en Pigüe, quedamos acuartelados y el sábado me dice el Comandante andá a tu casa, decile a tu padre que te vas a maniobras y volvé, a las 3 de la mañana ya estaba de vuelta y ahí ví el despliegue», comenzó contando Melinger.
Además refirió que «fuimos entre 54 y 58 hombres, de los cuales 10 eran soldados y el resto eran oficiales o suboficiales, cuando me subo al jeep me dice que si yo sabía inglés porque había vivido en Estados Unidos, yo no sabía lo que era la patria por lo que lo tuve que hacer a partir de los 14 años. No entenía porque me preguntaba eso, pensé que quería que le traduzca algo, no teníamos mucho tiempo de formación, no porque yo haya vivido esto significa que las Fuerzas Armadas estén preparadas así, la diferencia entre estar listos y preparados, que era lo que a mi me tocó vivir, pero no se puede generalizar con todos. Yo tenía 19 años recién cumplidos, nosotros muy poco lo que teníamos ahí y fuimos aprendiendo sobre la marcha y te vas adaptando, yo tenía la ventaja de la herramienta del idioma, hoy el 60% de la población es pos Malvinas, cuando interactúas con chicos son los abuelos los que lo vivieron y poco a los padres, que hoy se mantenga después del boca a boca del otro es muy fuerte».
«Íbamos a la base naval Puerto Belgrano, se repartieron los equipos para desembarcar en Malvinas, nosotros partimos el 28 de marzo a las 18hs zarpó el Irizar, los primeros tres días, yo nunca había navegado, yo iba por la escalera y no pasaba nada, pero cuando se produjo la sudestada que sería el 31, me levantaba y me tiraba contra las paredes. La que yo recuerdo es que a través de los años he tratado que la historia prevalezca sobre el relato, pero mi memoria me dice que cuando zarpa el Irizar, el capitán nos dice a dos de nosotros «vamos a hacer historia, vamos a recuperar Malvinas», y ahí dije Where? porque se me mezcló el inglés, no sabía donde estaban las islas ni menos lo que se estaba reclamando, lo que me puso en contexto fue la amiga de una prima que había dicho que hizo un crucero y pasó por las islas, pero no tenía formación histórica ni geográfica», afirmó el ex combatiente.
También indicó que «se hablaba de que se iban a tomar las islas, que había tropas inglesas y después User dijo que había que tener buena relación con la comunidad, para el mal te podés preparar con algunas herramientas, algo haces, pero como te preparas para la incertidumbre, con el desconocimiento, es peor que el mal. Bajamos tipo 8:10hs de la mañana y se estaba tomando la casa del Gobernador, nosotros fuimos transportados en helicóptero y nos subieron en una camionetita y nos dijeron carguen el fusil, saquen el seguro y si ven algo raro disparen. Cuando llegamos a la casa del Gobernador ya le habían disparado a Giachino y ahí arranca mi periplo en la guerra».
«Me dediqué durante tres días a atender la central telefónica civil porque las mujeres que estaban se asustaron y se fueron, estuve dos días sin dormir. Estuve muy cerca de todo porque la máxima autoridad del Quinto Cuerpo era el Turco y Andujar, García se apoyaba en ellos para todo lo que se podía hacer y cuando se da la rendición de ellos un Infante hace la traducción y después me llamaron a mi para otras cosas y el abogado Burlando fue quien firmó la rendición. Para el que no estaba preparado se te cruzan un montón de cosas, porque se cruzan los sentimientos y la ignorancia total. La actitud de ellos cambió, arrancó con mucho miedo y distanciamiento pero cuando se daban cuenta humanamente como eras se empezaban abrir, para nosotros fue la recuperación de lo que fue usurpado y para ellos nosotros usurpamos lo de ellos», consideró.
Recordó además, que «a los pocos días nos enteramos que venían, me acuerdo de estar con mi jefe hablando en los primeros días de abril, decían que se iba a generar un gobierno tripartita, Argentina, Reino Unido y las Naciones Unidas, pero yo le decía a mi jefe, yo me crié en EEUU, los ingleses cuando llegó el momento le sacó las papas del fuego y le pregunté si él creía que nos iban a apoyar a nosotros y después de la imagen del Infante siendo pisado y apuntado por el fusil fue lo que más les provocó bronca. El bautismo de fuego fue el 1 de mayo, cuando sobrevuelan y ahí fueron los primeros disparos mios, pero es la desesperación, la angustia, la necesidad de hacer algo, y después vino el bombardeo naval que produjo muchas bajas pero psicológicamente te obligaba a estar en el pozo, mermó un poco cuando llegamos a poner en la isla los cañones 157, cuando disparaba eso se movía la isla, ahí los buques donde pegaron dos o tres al lado, ahí se fueron alejando porque no querían que les hundan los buques, pero eran todas las noches disparos, no podes razonar si no escuchas eso. Mientras que vos escuches el ruido y explota estás bien pero sino había que preocuparse».
«Se hablaron muchas cosas, pero en ese momento se sabía que había estado Belgrano, intalarlo entre los dos canales, pero se tomó otra decisión, pero el poder de fuego que tenía el Belgrano no lo tenía ningún otro. Lo que terminas viendo es una similitud con la inundación de Bahía, miradas perdidas, miradas tristes, miradas que están en el pasado, y al estar ahí no podés pasar al presente y mucho menos pensar en un futuro, miradas con bronca, indignación, por haberse rendido, miradas de pensar si se habrá terminado esto, no de alegría ni de festejo, estar llegando las tropas y tirar las ropas, los fusibles, sacándoselo de encima, fueron muchos días con un clima muy adverso, problemas alimentarios, producido por un montón de factores, la dificultad para llevar el alimento al lugar establecido, no dejar depósitos alternativos para poder llegar. De la rendición me entero en el mismo momento por estaba Menendez hablando con Galtieri, quien le dice que reagrupe las tropas y contraataque por los francos y le dice que sus hombres estaban cayendo, nos decían rendición condicional, entrega de armas, uno siguió con su incertidumbre, por más que las palabras suenen hoy en día entendibles pero en ese momento no lo entendés mucho y después vienen las preguntas de qué es la rendición, como se sigue, yo me escapo y me capturan devuelta, y me llevaron al aeropuerto, estuve muy poco ahí, volvimos y nos metieron en un galpón y pasamos uno o dos días en un galpón grande, nos daban de comer dulce de membrillo y batata que teníamos nosotros y queso dambo en barra, la misma comida nuestra nos daban y para beber había poca agua y sachet de suero que es súper salado y cuando iba a hacer tus necesidades te apuntaban con una Maca, en un lanchón de desembarco inglés fuimos hasta la bodega del ferri y ahí ingresamos».
«No se decía nada si el destino era Argentina u otro, cuando estuve arriba del Norland, quedo medio bollando y ahí el segundo comandante del buque era de carrera militar y me dijo que íbamos a suelo argentino, pero no me aclaró a donde y nos llevaron a Puerto Madryn, fueron tres días de navegación, bajamos, nos entregaron una bolsa con puchos y nos subieron arriba de un camión, bajaron la cortina de atrás y nos fuimos escondidos hasta el aeropuerto de Trelew, embarcamos a Palomar y de ahí a Campo de Mayo donde estuvimos dos días de no viste nada, protocolo de inteligencia y volvimos en el último vagón de ferrocarril a Bahía, escondidos. Mi familia estaba esperando, yo veo una persona en campo de Mayo a unos 150 metros y era el primo hermano de mi madre, él se apareció por ahí y le pego el grito, me mira y le digo soy yo, como me iba a reconocer si no llegaba a los 60 kilos, me salió de adentro decirle que mañana salimos para Bahía en tren y lo sacaron enseguida de ahí, él va llega, llama a mi padres y le cuenta, cuando llega la mayoría de los padres se comunicaron y estábamos ahí, los militares no entendían como se había filtrado la información», recalcó.
Para cerrar dijo que «el dolor es inmenso, es esa mirada perdida, no encontrando consuelo ni camino. Hoy a 43 años, cuando llega esta época empiezan a aparecer todos los sentimientos juntos, pero como dice un amigo, son épocas donde agarras tu fantasma, lo dejas pasear un rato y después lo volves a guardar donde estaba. Cuando volví a mi casa no podía dormir, mi mamá me encontraba acurrucado durmiendo en un rincón, por lo que no encontraba mi lugar ahí, no tenía apego con nada, costó mucho porque mi abuela abre una bolsa de papas y la desparrama adentro de la pileta y al escuchar el ruido me tiré cuerpo a tierra, fui y le di un beso a mi abuela y le dije que no tire las papas así que las apoye, porque uno estaba muy sensible por todo, yo no me encontraba conmigo mismo, dejé de sentir pertenencia a las cuestiones materiales y dejé de hacer algo que es proyectar, tuve que rearmar eso, tuve que entender que había un futuro».