Con goles de Óscar Romero y Lucas Blondel, el Globo se impuso 2-1 y pasó a los 16avos, tras algunos sobresaltos sobre el final.
La pelota salió le pie zurdo de Braian Guille, tomó rosca, superó la barrera. Se metía en un ángulo el remate del jugador de Olimpo… Los corazones de los hinchas de Huracán se estrujaban a los 45’ del segundo tiempo. Pero allá, en las alturas, como un superhéroe, apareció el manotazo salvador de Sebastián Meza, el arquero que voló como un pájaro.
El equipo de Diego Martínez zafó gracias a una tapada que evitó ir a la siempre dramática definición por penales. Tras unas dosis de sufrimiento, el Globo se liberó de las tensiones y festejó un triunfo trabajoso, merecido, que lo depositó en los 16avos. Por esas cosas del destino, su próximo rival en esa instancia será Barracas, justamente el equipo contra el que viene de empatar con mucha bronca por los fallos arbitrales que lo perjudicaron.
Con algunos juveniles y ausencias, entre ellas las de Hernán Galíndez y Jordy Caicedo (citados a la selección de Ecuador), por muchos tramos de la etapa inicial al Globo le costó hacer pesar su diferencia de jerarquía contra un rival del Torneo Federal A. Después de abrir el marcador con el tiro libre de Óscar Romero (hubo responsabilidad de Lungarzo el arquero), ahí sí comenzó a crecer desde los pies del mismísimo Romero, Kalinger, Blondel, Waller…
Cuando parecía que el partido le hacía un guiño, luego de ir de menor a mayor, en una jugada asociada que tuvo rapidez, llego el centro de Amarilla, el gran cabezazo de Coacci y el 1-1. Un golpazo para el Globo. El desarrollo cambió en la segunda parte. Olimpo empezó a sentir el cansancio, Huracán comenzó a manejar mejor la pelota. Cortés desequilibró por izquierda, Kalinger acompañaba, Waller apoyaba.
El elenco de Bahía Blanca, aun cansado, avisaba de contra, sobre todo con Braian Guille a la cabeza. Pero Huracán no permitió que el encuentro fuera a los penales. Blondel, que ya había sacudido el travesaño, agarró de volea una pelota, de zurda, y tuvo revancha con un golazo. Olimpo finalizó con su arquero en el área rival en un córner. Fue con amor propio, con corazón. No le bastó. Y el Globo se desahogo.



