Romina Pires, Secretaria de Políticas Sociales y Fortalecimiento Comunitario, habló con Primero Bahía sobre los trabajos en el programa Bahía Abriga.
«Se viene intensificando y también los datos muestran un aumento en lo que se ha dado el año pasado a este, con un 32,5% más, unas 9.047 familias que se han anotado, con un aumento significativo y que muestra la realidad que estamos afrontando», destacó Pires.
Señaló además que «la zona más sur de Bahía que son los sectores más vulnerables son los que más complicados están, hay familias que este año se han sumado al Plan Calor y que no lo hacian en años anteriores y eso tiene que ver con la cuestión económica que se está atravesando».
«Es un momento complicado, siento que se han conjugado varias cuestiones, una ciudad que en dos años le han pasado muchas cosas, sumado a la pandemia, una pérdida del trabajo que se nota constantemente, un aumento en el costo de los servicios y una ruptura en el tejido social, hay un discurso muy fuerte de los individual y hay que trabajar mucho sobre la solidaridad, mirar al costado y ver personas que lo están pasando muy mal», admitió la funcionaria.
Indicó también que «Desde enero de este año veníamos viendo que la situación era muy complicada. Una decisión del intendente permitió reasignar partidas y que lo social sea una prioridad para intentar acompañar a todas esas familias que necesitan. Plan calor tiene varias variantes, kit de invierno, electricidad segura, casa x casa que hizo Salud, cocinas para mejorar la calidad de las comidas, y las recargas de garrafas que el año pasado dimos 18 mil y este año 20 mil».
«Los 35 operativos que hicimos barriales dieron un gran impacto, tenemos trabajadoras sociales que atienden, también tienen los datos en las páginas de la muni, en los centros de primera infancia, en los PEC, donde si hay alguna situación que alguien no se llegó a anotar, podemos ayudar», destacó.
Para cerrar dijo que «hacemos recorridas nocturnas, hubo un aumento de un 35 a 40% de gente que vive en la calle, trabajamos para que la gente pueda estar bajo techo, además de darles comida. Estos dos años aumentamos las camas, teníamos 16 camas y ahora son 55, anoche estaba todo lleno. Acompañamos la idea de que nadie duerma en la calle, el Estado no puede obligar a las personas a que vayan a algún lugar, nosotros ofrecemos la comida, el lugar, pero entendemos que hay gente que por situaciones más complejas de salud mental, o por problemas de estupefacientes, eligen seguir durmiendo en la calle».

