El Honorable Concejo Deliberante de Bahía Blanca volvió a poner el foco en el reconocimiento a quienes se destacan en el presente. En esta oportunidad, distinguió a los mejores promedios de la Universidad Nacional del Sur y la Universidad Tecnológica Nacional, con dos historias locales atravesadas por el estudio, la constancia y el acompañamiento familiar.
Entre los homenajeados estuvieron Wilén Pergolesi Fuentes, licenciada en Ciencias de la Educación con un promedio de 9,70, y Hernán Maximiliano Leber, licenciado en Organización Industrial con un promedio de 8,91.
Wilén, nacida y criada en Bahía Blanca, realizó sus estudios primarios en las escuelas 6 y 63, mientras que la secundaria la cursó entre el ciclo básico universitario y el colegio Sagrado Corazón. Vecina del barrio Noroeste e hija de docentes, contó que desde pequeña sentía afinidad por la enseñanza.
“Jugaba a ser maestra desde chica”, recordó. Sin embargo, explicó que su interés fue más allá del aula tradicional y encontró en Ciencias de la Educación una posibilidad de investigar y pensar los procesos educativos desde una mirada más amplia.
Sobre el alto promedio obtenido, señaló que el acompañamiento familiar fue fundamental y reconoció que pudo dedicarse casi exclusivamente al estudio durante gran parte de la carrera, una oportunidad que consideró determinante para alcanzar esos resultados.
Por su parte, Hernán Leber también nació en Bahía Blanca y realizó toda su formación escolar en el colegio San Francisco de Asís. Explicó que siempre tuvo interés por estudiar y que la orientación económica de la escuela despertó su interés por la gestión y la organización.
“Buscaba una carrera amplia que me permitiera después elegir distintos caminos laborales”, comentó. Actualmente se desempeña laboralmente en el área de Economía del municipio, aunque reconoció que durante la carrera el sostén económico principal fue su familia.
Ambos coincidieron en la importancia de sostener una vida social paralela a la universidad y evitar que el estudio absorba por completo la rutina diaria. También destacaron que, aunque hubo momentos de sacrificio y autoexigencia, intentaron mantener espacios personales y vínculos fuera del ámbito académico.
Consultada sobre las dificultades educativas actuales y las críticas que suelen hacerse sobre el nivel de los jóvenes, Wilén propuso una mirada más amplia.
“Las instituciones educativas también son reflejo de la sociedad. Hay responsabilidad personal, pero también mucha responsabilidad social”, sostuvo.
La distinción permitió visibilizar dos historias que muestran otra cara de la juventud: la del esfuerzo cotidiano, la perseverancia y la formación académica como herramienta de crecimiento


