En su primera encíclica Magnifica Humanitas, el Papa plantea que es necesario establecer reglas de juego para las nuevas tecnologías, mientras que el Presidente asegura que la IA no debe tener regulación preventiva.
Durante su viaje por Argentina, León XIV fijará posición respecto a la Inteligencia Artificial y su impacto en la sociedad global, que interpela la perspectiva ideológica que defiende Javier Milei para abordar el desarrollo tecnológico más influyente del siglo XXI.
“Ahora nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad los retos de nuestro tiempo. Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico”, sostiene León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas.
“Nosotros somos partidarios de que no se regule nada, nunca se deben hacerse regulaciones ex antes, como muchos se pueden hacer regulaciones ex post, pero no ex antes. Y esa, por ejemplo, es nuestra visión con la Inteligencia Artificial. Nosotros no vamos a regular la Inteligencia Artificial. Nosotros la vamos a dejar libre”, afirmó Javier Milei durante su discurso en la Cámara de Comercio de Estados Unidos.
A fines de mayo, León XIV publicó la encíclica Magnifica Humanitas, que aborda la irrupción de la Inteligencia Artificial y su impactó en la sociedad global del siglo XXI.
Para describir su perspectiva sobre las nuevas tecnologías, el Papa cita a Nelson Mandela, Pablo Picasso, Hannah Arendt, Platon, J.R.R. Tolkien, y sus antecesores León XIII -rinde su homenaje personal-, Juan Pablo II, Pablo VI y Francisco.
En cambio, Milei planteó sus ideas sobre la Inteligencia Artificial durante sus discursos en Naciones Unidas, en la Fundación Federalismo y Libertad (un evento organizado en New York) y en la Cámara de Comercio de Estados Unidos.
En esos discursos públicos, el Presidente mencionó a Donald Trump, Adam Smith, Thomas Alva Edison y Joseph Schumpeter, y puso como ejemplo a Terminator, Astroboy y Optimus para fundar su posición ideológica.
En Occidente se enfrentan dos conceptos políticos y jurídicos para abordar los alcances y objetivos de la Inteligencia Artificial.
Estados Unidos sostiene que no se debe regular de manera preventiva a la inteligencia artificial, mientras que la Unión Europea propone un esquema jurídico para contener una tecnología que se expande en forma geométrica.
Milei se alinea con Trump. El Papa, con sus aportes teológicos, adscribe a la concepción europea.
Son perspectivas ideológicas que sólo coinciden en señalar que la Inteligencia Artificial colocó al mundo en una dimensión social, política y económica imprevisible.
En sus acápites más importantes, la encíclica Magnifica Humanitas sostiene lo siguiente:
- “En los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo. La técnica no debe considerarse, en sí misma, como una fuerza antagónica respecto a la persona; por el contrario, está arraigada en nuestra historia desde el principio”.
- “A lo largo de los siglos, el desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad; al mismo tiempo, cada etapa del progreso también ha puesto de manifiesto el lado ambiguo de instrumentos capaces de causar daño cuando no se orientan hacia el bien. Hoy, sin embargo, nos encontramos ante una situación nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo”.
- “Ahora nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad los retos de nuestro tiempo. Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico”.
- “En el pasado, eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente ‘privado’, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común”.
- “Aquí es necesario reconocer un aspecto decisivo, que ya he mencionado antes: en muchos casos, en el contexto digital, el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo no es prerrogativa de los estados, sino de grandes actores económicos y tecnológicos que, de hecho, determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación. Cuando un poder de tal magnitud se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el control público, y crece el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades”.
- “El uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico: cuando entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad. Las decisiones delicadas que repercuten en el trabajo, el acceso a créditos y a otros servicios, y la reputación de las personas, corren el riesgo de ser confiadas completamente a sistemas automatizados que no conocen «la compasión, la misericordia, el perdón y, sobre todo, la apertura a la esperanza de cambio en el individuo»“.
- “De esto se deriva una consecuencia sencilla pero apremiante: no podemos considerar a la IA como moralmente neutra. En realidad, todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones. Si un sistema se concibe o emplea tratando algunas vidas como menos dignas, o las excluye sin posibilidad de apelación, no es un simple instrumento que “hay que usar correctamente”; introduce ya un criterio que contradice la dignidad inalienable de la persona. Por eso, el discernimiento ético no se puede limitar a preguntarse si usamos un determinado sistema para un fin bueno o malo, sino que debe interrogarse también sobre el modo en el que está diseñado y qué idea de persona y de sociedad queda inscrita en los datos y en los modelos que lo guían».
- “Pedir prudencia, controles rigurosos y, en ocasiones, también una ralentización en la adopción de la IA no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia la familia humana. Esta exigencia es aún más urgente porque existe a menudo un desequilibrio entre la velocidad del desarrollo tecnológico y el ritmo al que maduran la conciencia, las normas, los controles y las instituciones capaces de gobernar sus efectos”.
- “No basta invocar genéricamente la ética; se necesitan marcos jurídicos adecuados, vigilancia independiente, educación de los usuarios, una política que no renuncie a su tarea. De otro modo, el cambio será gobernado sólo por lógicas tecnocráticas y presentado como necesario e imprescindible, terminando por imponer reglas dictadas por quienes poseen datos, infraestructuras y capacidad de cálculo”.
- “En efecto, como ocurre con todo gran avance tecnológico, la IA tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos económicos, competencias y acceso a los datos. A la luz del bien común y del destino universal de los bienes, este fenómeno suscita seria preocupación: pequeños grupos muy influyentes pueden orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio, contradiciendo la justicia social y la solidaridad entre los pueblos”.
- “Por eso es indispensable que el uso de la IA —sobre todo cuando involucra bienes públicos y derechos fundamentales— esté acompañado de criterios claros y controles efectivos, inspirados en la participación y la subsidiariedad; las comunidades y los cuerpos intermedios no pueden ser reducidos a destinatarios de decisiones tomadas en otros lugares, sino que deben poder contribuir al discernimiento y a la vigilancia”
- “Los principios de la Doctrina social nos ayudan a leer esta nueva realidad. En un mundo donde pocos sujetos concentran datos, capital informático y capacidad normativa, hablar de bien común significa desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política, nombrando los nuevos monopolios de la IA”.
- “No cabe duda de que se necesitan leyes justas e instrumentos de redistribución que corrijan los desequilibrios, incluso mediante sistemas fiscales que alivien la carga sobre los más débiles y exijan más a quienes disponen de mayores recursos”.
- “Más aún, en la era de la IA y de la robótica, ya no es posible confiar únicamente en la “mano invisible” del mercado, la política tiene la tarea de orientar las dinámicas económico-tecnológicas hacia el bien común, promoviendo el trabajo digno, la inclusión social y una distribución equitativa de los beneficios de la innovación”.
A su turno, en los discursos que pronunció a fines de octubre en New York, Milei planteó los siguientes argumentos:
“Hoy nos encontramos en un momento bisagra. Estamos en las puertas de una nueva revolución tecnológica que cambiará tanto nuestra economía como nuestros gobiernos. Estoy hablando de la inteligencia artificial y, por eso mismo, tampoco podemos pasar por alto la discusión del momento en torno a este tema. Como siempre sucede, a medida que la humanidad se acerca a un punto de inflexión tecnológico, a un salto cualitativo de su desarrollo, empiezan a surgir miedos”.
“Miedos que son explotados por partes interesadas. Hoy lo estamos atravesando a medida que la Inteligencia artificial se acerca a niveles de ciencia ficción, que puede significar un cambio de paradigma similar o incluso superior al de la Revolución Industrial. Y son precisamente los Estados los que, previendo la magnitud del cambio que se avecina, están tomando medidas para asegurarse su dominio sobre las poblaciones en un mundo radicalmente diferente. Entonces promueven temor entre la población respecto a la amenaza de la Inteligencia artificial, ofreciendo a cambio paz y seguridad en forma de regulación.
“En términos literarios nos asustan con Terminator para someternos al Gran Hermano. Acá hay algo muy interesante, también hay una cuestión cultural. Si ustedes se fijan y miran las culturas de Oriente, los robots son buenos, son aliados, son amigos. No sé, Astroboy, por decir algo. En occidente los robots son malos, Terminator. Y la realidad es que no deja de ser un mero temor”.
“Pero a lo que voy es que eso no es un tema menor y, en cambio, nosotros creemos en el desarrollo y la capacidad del propio mercado de ofrecer soluciones creativas, como está sucediendo, en lugar de elegir y prohibir. Este afán por controlar el progreso no hará más que retrasarlo, cuando lo que deberíamos estar haciendo como Gobierno es hacernos a un lado para que el sector privado haga lo mejor que sabe hacer: mejorar la calidad de vida de los seres humanos”.
- “La Inteligencia artificial o Superinteligencia, como dice el Presidente Donald Trump, puede multiplicar nuestra productividad en órdenes de magnitud, que todavía no comprendemos”.
- “Trayendo a Adam Smith: la inteligencia artificial será la fábrica de alfileres del siglo XXI, y mucho más. Puede transformar nuestras economías, nuestra medicina, nuestra educación e incluso nuestra forma de gobernar. ¿Eso exige prudencia? Sí. Pero prudencia no significa miedo, y, es más, el miedo bajo ningún punto de vista debería convertirse automáticamente en obediencia”.
- “Por eso les digo: ante la Inteligencia artificial, la Argentina se ubicará en la vanguardia de la libertad. Tenemos los minerales críticos, la energía, el talento y la capacidad para competir en cada eslabón de esa cadena de valor y queremos ser el lugar más competitivo al mundo para desarrollarla, con un marco jurídico de vanguardia, el compromiso de no regular de manera preventiva, el compromiso de no regular de manera preventiva, responsabilidad limitada para las empresas que operen con agentes de IA y beneficios fiscales”.
- “Porque la inteligencia artificial no es un asunto geopolíticamente neutral. Es necesario que sea Occidente quien lidere el desarrollo de la tecnología para asegurarnos que sea acorde a nuestros valores fundamentales libertarios, como son el respeto a la vida, la libertad y la propiedad privada, y la noción de dignidad humana. En eso compartimos plenamente la visión del Presidente Trump”.
- “Por eso hay que liberar las fuerzas, por eso nosotros somos partidarios de que no se regule nada, nunca se nunca deben hacerse regulaciones ex antes, como muchos se pueden hacer regulaciones ex post, pero no ex antes. Y esa, por ejemplo es nuestra visión con la Inteligencia Artificial. Nosotros no vamos a regular la Inteligencia Artificial”.
La posición pública de León XIV acerca de la pobreza, la economía global y la inteligencia artificial contrasta con la mirada ideológica de Milei. Pero hay coincidencias sin fisuras respecto al aborto, la igualdad de género y la eutanasia.
El Papa visitará al Cottolengo Don Orione, dará misas en Palermo, Lujan y la ciudad de Cordoba, se encontrará con sindicalistas, empresarios y líderes sociales, y protagonizará una Vigilia de Oración con los jóvenes en el Monumento a los Españoles.
En estos eventos, que serán masivos e históricos, Léon XIV ratificará su compromiso pastoral con la sociedad argentina describiendo su mirada sobre las asimetrías en el siglo XXI y las consecuencias imprevisibles de la inteligencia artificial.
El 8 de noviembre, León XIV volará desde Montevideo a Buenos Aires, y el 11 de noviembre partirá hacia Lima (Perú) para cumplir la última etapa de su visita histórica a América Latina.



